Desde 1993, una ley de la Comunidad Valenciana prohíbe que haya colmenas a menos de 5 km de cultivos de cítricos durante los meses de abril y mayo.
Mediante esta página queremos dar a conocer a esta situación que nos afecta y que consideramos injusta. En primer lugar lo explicamos de forma muy sencilla para que todo el mundo lo pueda entender, aun quienes no sepan nada de agricultura ni apicultura; en segundo lugar reproducimos información especializada para quienes necesiten más detalles.
En abril y mayo florecen los naranjos y los mandarinos. Las abejas, como otros muchos insectos, atraídos por el aroma irresistible de las flores de azahar, acuden a las plantaciones de esos árboles. Cuando se van posando en las flores, llevan el polen de una a la siguiente, y con ello las fecundan. Esto se llama polinización.
Hay ciertas variedades de mandarinas que no tienen semillas («pinyols»). Cuando los insectos transportan el polen entre las flores de las variedades tradicionales y las de las variedades híbridas (que fueron introducidas por primera vez en la década de 1970, procedentes de EE. UU.), los frutos de ambas pueden tener semillas.
Los citricultores dicen que los consumidores no quieren frutos con semillas: Cuando los frutos tienen semillas, les pagan muy poco por ellos, o incluso los tienen que tirar, porque nadie se los compra. Efectivamente, ¿quién de nosotros no ha pensado alguna vez, al comer mandarinas, no volver a comprar esas tan llenas de pepitas? Con ello vemos que, en parte, la responsabilidad de esta situación es de todos como consumidores, y por ello es importante que estemos informados de las consecuencias de nuestras decisiones.
En otras regiones españolas, los latifundios o las políticas de distribución de cultivos han permitido separar los cultivos por variedades, de forma que los insectos, al hacer su labor natural y necesaria de polinización, no puedan mezclar unas variedades con otras. Sin embargo, el minifundio reinante en los campos de cultivo en la Comunidad Valenciana ha creado una situación desastrosa.
En lugar de hacer una planificación y reordenación de cultivos, se dictó una ley (conocida como «la pinyolà») que obliga a alejar todas las colmenas a más de 5 km de cualquier cultivo de cítricos durante los meses de abril y mayo.
Una medida así es por sí sola ineficaz, pues la polinización la realizan no sólo las abejas, sino también muchos otros insectos silvestres, e incluso el viento. Por ello la ley permite además a los citricultores fumigar los árboles en flor (algo impensable en cualquier otro tipo de cultivo) con el fin de matar casi cualquier insecto silvestre que se acerque.
Así que durante esos dos meses de primavera en los alrededores de los campos de cítricos se produce una gran masacre de insectos beneficiosos para otros cultivos, para la flora silvestre e incluso para algunas variedades de cítricos, que ven cómo su producción disminuye por la falta de polinización.
Reproducimos a continuación información publicada en diferentes medios por La Unió Apícola. Hemos abreviado el texto original y hemos modificado ligeramente la redacción en algunos puntos para facilitar la lectura.
Uno de los mutualismos ecológicos más espectaculares que existen en la naturaleza, es el mutualismo de polinización. Así es, la mayoría de las flores polinizadas por animales ofrecen néctar y/o polen como recompensa para sus visitantes.
La polinización cruzada es el transporte del polen desde las anteras de una planta, hasta el estigma del pistilo de otra planta distinta. En variedades compatibles se produce la fecundación y ese grano de polen en contacto con el estigma, emite el tubo polínico y penetra en el ovario, tranformándose el ovario en fruto y el óvulo fecundado en semilla.
Al parecer el néctar, las formas, los colores, y los aromas no tienen otro valor para la planta que el de atraer a los animales, y representa un coste que la planta hubiera podido utilizar para otros menesteres, sin embargo el beneficio que obtiene es el de la polinización a través de un vector animal del polen. En plantas cultivadas y silvestres la polinización provoca un incremento de la producción (aumentando el número y el tamaño de los frutos), así como de la diversidad genética. Así mismo provoca un aumento importante del número de frutos cuajados y de la calidad del cuajado, y también produce una mejora de la calidad de los frutos obtenidos.
El beneficio en polinización, llevado a cabo por las abejas y el resto de polinizadores, favorece la fecundación y fructificación, por lo que contribuye directamente a la conservación de especies amenazadas (animales y vegetales) y a la diversidad biológica.
Aparte del desastre para la apicultura, la principal consecuencia de la normativa para limitar la polinización cruzada en plantaciones de cítricos, es el déficit de polinización que conlleva, debido al destierro obligado de una parte de las abejas y el exterminio directo de polinizadores provocado por la aplicación de plaguicidas en plena floración. Estos tratamientos suponen un grave atentado contra la diversidad y el ecosistema en general.
El déficit de polinización provocado por los decretos de la «pinyolà», tiene un efecto negativo también sobre el propio sector citrícola, y está contribuyendo al descenso de producción en las últimas campañas.
Las conclusiones de los estudios de las últimas décadas nos alertan de la tendencia creciente a la desaparición de los polinizadores y de las graves consecuencias que ello provoca. La causa principal de este crítico descenso se puede atribuir, directa o indirectamente, a la intervención de la especie humana. La aplicación de insecticidas de uso agrícola, las incesantes transformaciones de terrenos forestales en agrícolas y la urbanización intensiva provocan la destrucción continua de los hábitats naturales de los polinizadores.
La apicultura es imprescindible para nuestro medio ambiente.
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Fecha de la última actualización: 2011-10-12
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