Siempre puedes consultar los frutos disponibles en cada momento. Estas son las últimas novedades:
Hasta próximo aviso dejamos de repartir las verduras. Después de dos meses, la huerta pide la preparación para el otoño y los nuevos cultivos. Gracias a todos y hasta pronto.
Por ahora no venderemos verdura en la finca, como el año pasado. Ya notamos los efectos de un verano muy seco y caluroso y reservamos la cosecha para las cajas. Si más adelante tuviéramos producto suficiente para vender en finca lo anunciaremos aquí.
Empezamos de nuevo el reparto, con las primeras lechugas y calabacines. Gracias por vuestra paciencia (acorde con los ritmos naturales de nuestro huerto).
Ayer las lechugas que iban en las próximas cajas quedaron como coladores, y el resto de cultivos plantados hace dos meses, machacados y sin hojas. Esperamos poder recuperar algunas plantas, pero los frutos se retrasarán...
Queda poco en la huerta. Casi todos los cultivos de invierno han dejado el terreno libre para los de verano, que ya hemos plantado.
Ya están brotando los semilleros de los cultivos de verano (tomates, pimientos, calabacines...). Aún disfrutaremos varias semanas de los productos de la huerta de invierno (a pesar de los voraces pajaritos que nos han dejado sin acelgas).
La mamá del pequeño de casi dos años camina junto a él calle arriba. El niño se detiene y lloriquea. ¿Qué pasa? El chupete se le ha caído unos pasos atrás. La mamá lo recoge, lo mira, sopla un poquito para limpiarlo y se lo da al niño, que sonríe antes de llevárselo a la boca. Siguen caminando por una calle cada vez más mojada; a la mamá le resulta extraño, pues no ha llovido. Doblan la esquina y allí ven al empleado municipal que, mochila al hombro, está pulverizando la calle. La mamá le pregunta qué es lo que echa al suelo. Es un herbicida, ¡es que hacen tan feo esas hierbitas que salen por las rendijas de las aceras! Pero no es tóxico, le asegura el empleado; de hecho él se ha mojado los pies y no lleva ningún tipo de protección. A la mamá algo le inquieta por dentro. Nadie les ha avisado.Cambia de ruta. No quiere seguir pisando ni respirando ese líquido que parece agua, pero que a ella no le huele nada bien...
El hombre jubilado del final de la calle sale a pasear cada tarde. Se lo ha dicho el médico. Es por su salud. Y cada tarde vuelve a casa con algún regalito para el paladar: un manojo de espárragos, una bolsita de caracoles, unas acelgas... Todo lo recoge del borde del camino. Jamás entra en las fincas. Pero lo del camino todo el mundo sabe que no es de nadie. Camina un buen rato. Sube por el camino de en medio y cuando llega al pino grande da la vuelta. El médico está contento y él siempre encuentra algo que recoger. Sólo tenía que haber caminado cien metros más para toparse con el letrero. Un pequeño aviso de que han echado veneno al borde del camino. Ya no lo siega la cuadrilla, ahora tiran herbicida. El letrero advierte: 21 días de plazo de seguridad. Desde su casa al pino grande no hay ningún letrero; y aunque lo hubiera, él no puede leer sin sus gafas de cerca, que están sobre la mesita de casa. Nadie le ha avisado. Hoy cenará ese revuelto de espárragos que tanto le gusta.
Ahora que las tardes se alargan, en primavera, la pandilla se reúne en la finca del tío. Él les deja estar siempre que no cojan naranjas del árbol; del suelo, las que quieran. Los niños apenas cogen; prefieren trepar a los árboles y charlar; o hacerse un refugio, una cabaña. Hoy han encontrado cubos y garrafas de plástico vacíos. Juegan con ellos. Los colocan haciendo de mesa y de asientos, para poner la merienda. Cada uno lo que ha pillado en casa: unas rosquilletas, zumo, la torta de la yaya... Si alguno de los chicos leyera la etiqueta de una garrafa... ¿Acaso se la habrá leído el que la compró, esparció su contenido por el campo y la tiró sin más ahí, al borde de la finca? Son sólo unos envases de "líquidos", como les llaman los que no leen las etiquetas. Envases con residuos tóxicos, peligrosos para la salud, que deberían ser depositados en lugares especiales. A estos niños nadie se lo ha contado. ¡Qué hermosos recuerdos tendrán de aquí a unos años de las tardes bajo los naranjos!
El hombre del huerto del cruce mira con lástima las palmeras del paseo. A todas les han colocado ese tubito que le recuerda al que le conectaron a él en vena cuando le ingresaron. Lo suyo no fue grave, le quitaron el tumor y ya. Peor suerte tuvieron otros. De todos los de su quinta son ya varios con cáncer. ¿Casualidad? Él por si acaso ya no tira "líquidos". Los naranjos los dejó hace tiempo, se pagan tan mal. En el huerto no echa nada. Sabe que "los líquidos" matan; el de matar las hierbas mata también a los fardatxos y a otros reptiles. Se lo ha dicho su nieto, que de eso ha leído mucho. Y son los reptiles los que se comerían al picudo, el bicho que le ha entrado a la palmera; se lo comerían los reptiles, si hubiera... pero los están matando a todos con los dichosos "líquidos"...
Aunque le tiene dicho que no las coja de los jardines, ella no puede evitarlo. Viene con dos margaritas para su papá; y él no puede sino sonreír, la quiere tanto... La niña sujeta las flores con la boca, así tiene las manos libres para colgarse de su cuello. Le coloca una en el ojal de la camisa. La otra margarita se la queda ella, la prende en su pelo con una horquilla. De la mano bajan juntos la escalera del paseo que conduce a la playa. Si hubieran llegado quince minutos antes habrían visto la cuba, y al hombre pulverizando las margaritas. Es contra los pulgones, pero en cinco minutos se va el olor... Eso le dice a una mujer que le pregunta preocupada, cubriéndose la boca y la nariz. Y es que nadie le ha avisado; si lo llega a saber no pasa por ahí, está delicada de los bronquios. La niña, sentada en las rocas junto a su papá, deshoja como en un juego la margarita; él la abraza dejando que su mirada se pierda en el horizonte.
¿Cómo es que se realizan tratamientos con productos tóxicos en zonas públicas sin avisar?
¿Es necesario rodearnos de tanto veneno, que al final va a parar a nuestros cuerpos? ¿No hay alternativas más inocuas?
¿Quién no tiene un familiar, amigo, conocido... con cáncer?
¿Cómo es que las plantas de oncología infantil de los hospitales están llenas?
¿Por qué creemos sin más al que dice que no pasa nada, igual que creyeron las mamás en los años 70 a los que decían que el DDT era seguro?
¿Por qué no aplicamos el principio de precaución antes de exponer a nuestros hijos, incluso a los que están por nacer, a riesgos innecesarios de efectos desconocidos?
Lo ideal sería sustituir los tratamientos químicos por otros tratamientos que sean seguros desde el punto de vista de la salud humana. Pues la prioridad debe ser garantizar las condiciones de seguridad de las personas y son las distintas Administraciones Públicas las responsables y garantes de la salud ambiental de la que hemos de disfrutar todos.
En el año 2009 el Parlamento Europeo aprobó un paquete de normas sobre el uso y la comercialización de pesticidas (plaguicidas y herbicidas) que prohíbe el uso de estos productos en espacios utilizados por el público en general o por grupos vulnerables de población, como los parques y jardines públicos, campos de deportes y áreas de recreo, áreas escolares y de juego infantil, así como en las inmediaciones de centros de asistencia sanitaria. Los Estados miembros están obligados a transponer a su legislación dicha normativa antes del 14 de diciembre de 2011.
¿Por qué esperar tanto tiempo? Muchos pueden dañarse mientras tanto. El sentido común y la inteligencia deberían llevar a nuestros políticos a emplear desde ya mismo alternativas más saludables que la fumigación con pesticidas.
El principio de precaución o precautorio o de cautela o de Pero Grullo:
El principio de precaución no es sino aplicar, en caso de duda, la acción que esté acreditada como más segura.
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Fecha de la última actualización: 2010-09-02.
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