Siempre puedes consultar los frutos disponibles en cada momento. Estas son las últimas novedades:
Por ahora no venderemos verdura en la finca, como el año pasado. Ya notamos los efectos de un verano muy seco y caluroso y reservamos la cosecha para las cajas. Si más adelante tuviéramos producto suficiente para vender en finca lo anunciaremos aquí.
Empezamos de nuevo el reparto, con las primeras lechugas y calabacines. Gracias por vuestra paciencia (acorde con los ritmos naturales de nuestro huerto).
Ayer las lechugas que iban en las próximas cajas quedaron como coladores, y el resto de cultivos plantados hace dos meses, machacados y sin hojas. Esperamos poder recuperar algunas plantas, pero los frutos se retrasarán...
Queda poco en la huerta. Casi todos los cultivos de invierno han dejado el terreno libre para los de verano, que ya hemos plantado.
Ya están brotando los semilleros de los cultivos de verano (tomates, pimientos, calabacines...). Aún disfrutaremos varias semanas de los productos de la huerta de invierno (a pesar de los voraces pajaritos que nos han dejado sin acelgas).
Hoy reiniciamos la distribución de las cajas de hortalizas de temporada. Gracias a todos por haber esperado con paciencia el crecimiento de las plantitas. ¡Buen provecho!
Mamá gallina incubaba sus huevos.
Esperaba con gran ilusión ver nacer a sus pollitos.
Era otoño y hacía frío en el gallinero.
Sólo se levantaba un ratito a comer, para que los huevos siempre estuvieran calentitos.
Un día por la mañana, ¿cric, crac!, los pollitos empezaron a romper el cascarón: uno, dos, tres, cuatro y... y... ¿y? ¡Uy, un huevo se ha quedado cerrado!
Bueno, no importa, no tendrá pollito dentro
, pensó mamá gallina.
Estaba tan contenta con sus cuatro hijitos que se pasó todo el día jugando con ellos, dándoles de comer y llevándolos a conocer el gallinero.
El huevo, mientras tanto, solo en su nido, se enfriaba. Por la noche mamá gallina se sentó de nuevo en el nido, sobre sus pollitos y ese huevo que no tenía pollito. ¿Que no tenía pollito? Eso pensaba ella, porque...
Al día siguiente nació el último pollito.
Nació y... ¡ay, mamá no está! Claro, la gallina había madrugado y correteaba con sus hijitos persiguiendo saltamontes. ¡Uy, uy, uy, qué frío! El último pollito, el que acababa de nacer, tiritaba y se moría de frío.
Sin el calor de su mamá ya no podía ni caminar, ya arrastraba la cabecita, se moría de verdad...
Felizmente el granjero pasó por allí y al ver al pollito solo, temblando de frío, sin poder mover ni una pluma, lo cogió con cuidado en su mano. ¡Era tan pequeñito! Lo llevó al horno, que hacía varios días había encendido para hacer pan. El horno todavía guardaba un poquito de calor, como si fuera una pequeña habitación con calefacción. Así que no creáis que el pollito se asó, ¡qué va! Estuvo allí dentro recuperándose todo el día: primero movió las alitas, luego levantó la cabeza y por fin se decidió a corretear y a piar. Por la noche, el granjero lo llevó a dormir con su mamá, junto a sus hermanos, que lo recibieron con alegría piando y moviendo las alitas. Desde entonces es un pollito feliz que juega y corretea persiguiendo saltamontes.
Mónica Cruz
(Cuento basado en hechos reales).
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Fecha de creación: 2004; fecha de la última actualización: 2008-12-13.
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